El viernes iba a bailar con una amiga, pero estaba lloviendo y casi nadie quería salir. Todavía no tuve planes por el finde, y decidí hacer algo espontáneo. Fui al terminal del ómnibus y compré un pasaje a San Juan capital. Mis hermanas acá me habían dicho que el Valle de la Luna era un lugar hermoso y que podría visitarlo en un finde. Fue la oportunidad perfecta.
Salí de Córdoba a las 11 de la noche, dormí en el ómnibus y llegue a San Juan, capital, a las 8 de la mañana. No había pasajes al pueblo Valle Fértil (un pueblo muy chico donde se puede quedarse y hacer las excursiones al Valle de la Luna y el Parque Talampaya en la provincia La Rioja) hasta 14hs, entonces conocí la ciudad por 6 horas.
Fui al centro y encontré la plaza 25 de mayo para sentarme y desayunar. No había mucha gente en la plaza por la mañana el sábado, pero sí, algunas familias y parejas caminaron por la plaza. Vi un catedral muy grande con una torre cerca de la plaza y fui a investigarlo. Cuando entré la torre, había un hombre adentro con 65 años, más o menos, para controlar a la gente que quería subir. Hablé con el por media hora y me contó todo sobre su vida, su trabajo, el catedral y el terremoto que lo había destruido. Subí la torre para ver la ciudad de arriba; el tiempo era perfecto para ver todo. El hombre me preguntó sobre mi viaje y me reprendió por sólo estar en San Juan por un finde (necesitaba quedarme en San Juan por lo menos una semana para ver todo, por supuesto), pero me sugirió algunos lugares en la ciudad para ver.
En San Juan capital visité la casa natal de San Jerónimo, pero estaba cerrada por renovaciones. También fui a un auditorio que tenía un órgano muy grande—el tercer más grande de Argentina, creo. El auditorio estaba cerrado y tuve que convencer a la chica trabajando que yo era un estudiante del órgano y ¿por favor, sería posible verlo por un ratito? No podía verlo muy bien porque estaba un grupo de estudiantes en una orquestra practicando. La chica me dijo que había más de 5.000 tubos y siempre en los fines de semana hay conciertos y recitales.
También fui a una bodega—la bodega más antigua de la provincia de San Juan. Probé algunos vinos con un grupo de mayores (de 60 años, mínimo :) )…quería comprar una botella para llevar a EEUU, pero no quería llevarla en mi mochila por todo el finde. Hice un tour de la bodega individualmente con un hombre que trabajaba allá. Él me dijo toda la historia de la bodega, cómo empezó con una pareja y después los hijos eran los dueños. Hace poco tiempo la vendieron a alguien en Francia y siempre hay cambios con la tecnología y los edificios. Me gustó el tour individual porque podía preguntar más cosas y hablamos sobre Córdoba y otros lugares en Argentina.
Por la tarde viaje para Valle Fértil. El hombre que me había vendido el pasaje para Valle Fértil había llamado a una organización de viajes a Valle de la Luna, y alguien estaba esperándome en el terminal cuando llegue. Fui a la organización, que también era un hostel, y el hombre supuso que iba a acostarme allá. Cuando me mostró el hostel, no sé, pero algo no me hizo sentir bien. Le expliqué que iba a caminar por el pueblo y regresar si decidí a quedarme allá. Me sentía mal porque estaba esperándome en el terminal, pero no quería sentir incomoda por la noche. En el terminal, había sacado un papelito de otro hostel, y fui a ese hostel para verlo. Inmediatamente el dueño me invitó a tomar un mate, nos sentamos y charlamos por una hora. Me sentía muy cómoda en ese lugar y decidí a quedarme allá (mate es una cosa mágica que se junta la gente :) ).
En el hostel conocí a una chica de Suiza, una chica de Singapur, una pareja de Inglaterra y una pareja de Francia. Algunos hicimos un asadito por la noche con el dueño y estuvo riquísimo. También miramos “Shrek” juntos…un grupo de adultos mirando una pelí animada fue gracioso. Me di cuenta de algo en el hostel—estoy agradecida que el inglés sea mi lengua materna, pero hay muchísimo valor en aprender otras lenguas bien. Entre los siete en el hostel, todos hablaban idiomas diferentes, pero el único idioma en común fue el inglés (los de Inglaterra no hablaron ninguna palabra de español, y los de Francia hablaron poco). Hablando inglés, nos entendimos. Por eso, estoy agradecida que inglés sea mi lengua materna—es un idioma fundamental del mundo.
Por otro lado, también estoy agradecida aprender otro idioma, y aprendí la importancia de hablar un idioma bien cuando uno está viajando. Cuando reservé un lugar en una excursión al Valle de la Luna, el hombre (el dueño del otro hostel) me dijo que la excursión generalmente incluye el Valle de la Luna y el parque Talampaya. Dije que sólo podía ir al Valle de la Luna, y le pregunté si sería posible en la excursión. Él me dijo que sí, había excursiones que sólo iban a un lugar, y sólo pagaría por un parque. Bueno. Pero a las 11 de la noche el hombre vino al hostel para decirme que tendría que pagar un preció más que el preció por los dos parques si fuera a sólo el Valle de la Luna, porque sería muy difícil ir a sólo un parque. He aprendido acá que uno de los aspectos más difíciles cuando aprender una lengua nueva es discutir. Cuando no me gusta algo o creo que tengo razón o tengo una opinión diferente es difícil explicar mis pensamientos claramente, especialmente cuando la otra persona no es paciente y me interrumpe. En este caso, tuve que hablar con el hombre del otro hostel y explicarle que me había dicho otro precio cuando reservé un lugar. Le expliqué que yo no podía hacer el tour por ese precio. También hablé con el dueño de mi hostel, y me dijo que el hombre estaba tratando de aprovecharse de mí. Me dijo que conocía a otro hombre que hacía tours del Valle de la Luna, y la pareja de Francia y yo hicimos un grupo para hacer el tour.
El domingo me desperté y salí con la pareja de Francia y un guía para el Valle de la Luna. Era un tipo muy gracioso con 25 a 30 años y conversamos en el viaje por una hora. Cuando llegamos, tuvimos que comprar nuestros entradas—35 pesos por los que viven en Argentina y 70 pesos por los extranjeros. El guía me dijo que si explicara que estudiaba en Córdoba (y que los de Francia estaban conmigo…porque no hablaban mucho español), podrían entrar por el precio bajo. Lo hice y nosotros tres entramos por el precio bajo…otra razón que estoy agradecida hablar español :)
Pasamos tres horas en el parque con otro guía y otra gente. Paramos en cinco lugares: El Gusano, Valle Pintado, Cancha de Bochas, Submarino y Hongo. Todos los lugares eran hermosos. El nombre actual del parque es Ischigualasto, que significa “valle del muerte” porque no hay muchas plantas y animales en el parque, sólo formaciones exquisitas de la tierra. En 1969 cuando el hombre fue a la luna y vimos la tierra de la luna por primera vez, la gente pensó que la tierra del parque era parecida a la tierra de la luna. Por eso, el parque se llama “Valle de la Luna”. Fuimos al museo en el parque con información sobre los dinosaurios y las excavaciones de la tierra también. Me encantó el parque—era hermoso.
Regresé al Valle Fértil para llevar mis cosas del hostel y subir el ómnibus para San Juan, capital. Fue un viaje de cuatro horas a San Juan. Encontré algo para comer en la ciudad y salí para Córdoba a las 23hs. Viaje por toda la noche y llegué a Córdoba a las 7 de la mañana el lunes, con tiempo para regresar a casa, ducharme e ir a mis clases por la tarde. Fue un finde muy lindo, y siento más independiente después de viajar sin un plan ni compañeros.
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